¿Qué pasó con el dirigible de La Serenísima? La historia del enorme zepelín que sorprendió a los argentinos en los 90

Durante 1995 y 1996, un enorme dirigible con el nombre de La Serenísima recorrió los cielos argentinos y se convirtió en una de las imágenes más recordadas de la publicidad de los años 90. Para muchos, verlo pasar por encima de una ruta, un barrio o una ciudad era un acontecimiento: parecía un gigantesco barco flotando en el cielo.

La empresa puso en funcionamiento el dirigible en 1995 como parte de una campaña publicitaria vinculada al lanzamiento de una nueva línea de yogures con Lactobacillus GG. La propia compañía recuerda aquella acción como una campaña innovadora que llevó al dirigible a sobrevolar distintos barrios de Capital Federal, el Gran Buenos Aires y ciudades del interior del país.

El aparato había sido fabricado en Estados Unidos por Airship Industries y tenía unas dimensiones sorprendentes: aproximadamente 60 metros de largo, 21 metros de ancho y 17 metros de alto. Su estructura estaba equipada con una cabina de kevlar y el enorme globo estaba cargado con unos 6.666 metros cúbicos de helio.

El operativo que acompañaba a la aeronave también era llamativo. El dirigible contaba con dos pilotos a bordo y un equipo terrestre que seguía sus desplazamientos. Según recordó años después el piloto José María Vaca, el grupo de apoyo estaba integrado por nueve vehículos, entre ellos uno que transportaba tubos de helio para realizar las tareas necesarias durante las operaciones.

La campaña tuvo un impacto comercial significativo. De acuerdo con el testimonio del propio piloto publicado por LA NACIÓN, seis meses después del primer vuelo La Serenísima había registrado un incremento del 35% en sus ventas.

Pero el enorme dirigible también protagonizó situaciones insólitas. Durante sus recorridos por el Gran Buenos Aires, los pilotos llegaron a encontrarse con disparos desde tierra y, en determinadas zonas, debían modificar el rumbo para evitar esos sectores.

El final del dirigible llegó el 22 de noviembre de 1996. La aeronave regresaba desde Tucumán hacia Buenos Aires cuando las condiciones meteorológicas cambiaron de manera repentina. El vuelo terminó en las cercanías de Campo Andino, en la provincia de Santa Fe, donde los pilotos tuvieron que realizar un aterrizaje de emergencia.

Las ráfagas de viento alcanzaban aproximadamente los 140 kilómetros por hora. Una vez en tierra, los pilotos Fowler Bols y José María Vaca lograron ponerse a salvo. La estructura del dirigible, en cambio, no resistió las condiciones meteorológicas y terminó destruida. La parte inflable fue arrastrada varios kilómetros por el viento.

El episodio tuvo además un testigo inesperado: Carlos Alberto “Lole” Reutemann, que se encontraba en su campo en la zona y fue una de las primeras personas en acercarse para asistir a los pilotos y dar aviso a las autoridades. Cerca de 500 personas llegaron posteriormente al lugar, sorprendidas por el inusual accidente.

¿Qué pasó con los restos del dirigible de La Serenísima? Esa parte de la historia es mucho más incierta. Años después circularon fotografías de la cabina y versiones sobre la ubicación de algunos restos. Según una investigación publicada por LA NACIÓN, la cabina habría sido localizada en un campo de General Rodríguez, aunque no se conoció públicamente su ubicación exacta. También circularon versiones sobre restos de la lona en Campo Andino, pero fueron desmentidas por la comisaría local.

Así terminó una de las campañas publicitarias más llamativas de la Argentina de los años 90. El dirigible de La Serenísima voló durante poco más de un año, pero su imagen quedó en la memoria de una generación que todavía recuerda aquella enorme publicidad verde cruzando lentamente el cielo.

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